Una vuelta de tuerca a la industria de Galicia

La producción industrial se hunde un 8,6% en 2020 en Galicia, su mayor descenso desde 2009, como la media según los datos que ha publicado el Instituto Nacional de Estadística (INE) durante la segunda semana de febrero.  

Desde el punto de vista estatal, con el retroceso de 2020, originado por la crisis de la COVID, la producción industrial pone además fin a seis años de crecimientos consecutivos. Estadística ha señalado que la crisis del coronavirus ha provocado que los diferentes sectores industriales sufran “intensamente” en 2020 los efectos de la pandemia, con descensos pronunciados en la producción, sobre todo en los meses de marzo, abril, mayo y junio.

¿Qué le pasa a la industria gallega?

Pero la industria gallega lleva tiempo sufriendo una tormenta perfecta. El eje de la desindustrialización en Galicia viene afectada por varias causas, entre ellas, la estrategia de Siemens-Gamesa, motivada por la deslocalización de la producción española hacia la planta que compró en Portugal. A esto se añade la inminente falta de carga de trabajo de los astilleros de Navantia y la térmica As Pontes de Endesa que cierra el círculo.

En este sentido, Pedro Luis Hojas Cancho Secretario General UGT FICA subraya en La Voz de Galicia que  «un horizonte nada halagüeño que supone una seria amenaza para el desarrollo económico regional. Si no se frena a tiempo, tiene visos de cronificarse y ahondar en la desindustrialización del país y en la permanencia de un modelo productivo a merced de huracanes coyunturales». 

Los fondos europeos como flotador en medio del oleaje

Los Fondos Europeos son, en lo que se refiere a la industria gallega, pueden llegar a ser un bote salvavidas para sobrevivir al vendaval en el que viven azoradas muchas de las empresas industriales gallegas. «El dinero europeo debe servir, en primera instancia, para recuperar los jirones en los que pueden quedar las diferentes economías, pero también la oportunidad para el cambio del modelo económico. Este tiene que ser altamente productivo y competitivo, basado en la equidad, sostenible social y medioambientalmente y del siglo XXI, es decir digital», explica Álvaro Frutos en Nueva Tribuna.

Pero lo que está claro es que la capacidad productiva y la competitividad de las empresas gallegas, y también españolas, tienen mucho margen de mejora. Un margen que yendo de la mano de los Fondos Europeos puede servir para salvar el tejido industrial. No en vano, las diferencias industriales entre España y Alemania, que debe ser nuestro modelo a seguir, son muy notables. La productividad alemana es de 65 euros/hora y en nuestro país es de 43,4.

Y es la productividad uno de nuestros mayores desafíos. Hace tan sólo unos meses, en la presentación del estudio TACTIÓMETRO 2020 (2a oleada) junto con la Confederación de Empresarios de A Coruña se recogía un titular estremedor: El 70% de las empresas gallegas están por debajo de su máxima capacidad productiva. El presidente de la Confederación Antonio Fontenla, señaló que “una empresa que perdura en el tiempo es aquella que sabe adaptarse a los tiempos que les toca vivir”.